Posteado por: Santi López-Villa | 08/05/2011

Próxima estación: ¡Actúa!


¡Hola!

Esta última semana, vino un cliente a visitarme. Él vive a unos setecientos kilómetros de Barcelona.

Es una persona con con unas ansias de poder que no lo dejan vivir. La primera vez que hablamos por teléfono, me advirtió de lo poderoso que era, y de lo importante que era su círculo social. Era un señor influyente, pues pensaba que a través de la influencia podría comprar todo aquello que se le antojase.

Sin embargo, Luque, ya tiene cerca de los sesenta y cinco. Ha perdido a su mujer, que se dedicó a actividades más humanas y se separó de él. Ha perdido a sus hijos, pues ellos también creen y necesitan el poder y ahora ya menosprecian a su padre pues se les ha quedado pequeño y lo consideran un fracasado. Tiene amigos de conveniencia y algún que otro colega de copas. Se sentía enormemente solo…

- Señor Luque. -  Le dije. – ¿Ha hecho alguna cosa estos años para poder mejorar su vida?

Luque, me sorprendió cuando me respondió:

- Santi, desde mi juventud, que cada año viajo hasta el norte, y subo a la montaña más alta de los Picos de Europa. Allí, abro uno de mis libros más queridos y leo en voz alta la Carta de los Derechos Humanos. En ellos he basado mi vida y quiero que resuene su eco por todas aquellas inmensas montañas…

Yo me quedé pensando en lo que me decía, cuando Luque, interrumpió mi silencio:

- ¿No te parece una buena práctica? ¿Porqué te has quedado tan pensativo? ¡Piensa que incluso ha habido años, que he subido con compañeros de trabajo, con amigos! ¡Incluso he subido con alguno de mis hijos!

De pronto, un silencio de espanto, le sobrecogió y miró al suelo asustado, a la vez que unos instantes más tarde añadía:

- Y a pesar de todo, no entiendo porqué la vida me ha ido tan mal. ¿Porqué me siento tan solo? ¿Por qué sigo teniendo la sensación de vacío y de angustia?

A lo que le pregunté:

- ¿Y este año, piensas ir de nuevo a cumplir tu promesa de lectura de principios a los Picos de Europa? – Le pregunté yo.

- Sí… el mes que viene. Pero esta vez pienso ir más lejos, pienso ir al Nepal. ¿Porqué lo preguntas? – Me dijo. A lo que le respondí:

- Considero que sin lugar a dudas, eres un gran lector. Sin embargo ¿Porqué este año no te quedas en tu casa y en vez de leer el Tratado de los Derechos Humanos no decides ponerlo en práctica?

- La cultura de la acumulación de poder suele llenarse la boca de principios éticos y de valores humanos que por principio nunca podrá practicar, pues el ansia de poder y la moral son incompatibles.

- Hay quien basa su vida en lecturas y palabras… y otros que la basan en su toma de decisiones y en sus hechos.

- Quizá ya ha llegado el tiempo de dejar de envolvernos en buenas palabras y en arriesgarse y llevarlas a la práctica. Quizá ha llegado el tiempo del despertar y arriesgarse a compartir más y mejor y a no permitir que a nadie se le reste dignidad.

- Quien resta dignidad a alguien, automáticamente la pierde con creces.

Santi

Posteado por: Santi López-Villa | 02/05/2011

¿Cómo es la luz de tu linterna?

Hola!

La semana pasada estuve viajando por temas de trabajo, y no volví a casa hasta ayer sábado. Estuve por Amposta, Barcelona, Igualada, Manresa, Vic… La noche que viajaba de Amposta a Barcelona, estuve a punto de quedarme sin combustible. Sin embargo la suerte llamó a mi puerta, al ver que a 500 metros aparecía una solitaria gasolinera. ¡Estaba salvado! Salí del coche y me dirigí rápidamente hasta la oficina, y cuál fue mi sorpresa cuando la chica me dijo:

-  Lo siento, señor, tenemos un problema eléctrico y estamos esperando a que venga alguien a arreglarlo. Hasta entonces, no nos funcionan los surtidores. – Me dijo la joven detrás del mostrador.

-  ¡Necesito repostar! – Le dije. – ¡He de llegar esta noche a Barcelona! ¿Cuánto tendré que esperar? – Le pregunté.

- No lo sé, señor. Lo siento mucho, pero es lo que hay.

Así que resignado, volví al coche y me senté a esperar dentro de él, la primera hora, y después, cansado, volví a la estación de servicio, donde no había nadie más que la joven.

De pronto, en la oscura noche, se prendió la lluvia y comenzó a diluviar como si se fuese a acabar el mundo. Curiosamente, ya hacía más de dos horas que no había parado ningún coche por allí.

Yo seguía leyendo y hablando con la chica, hasta que entre el diluvio que caía, apareció una luz parpadeante en medio de la oscuridad y la tupida cortina de agua, que se intuía lejos. Los dos nos fijamos en ella y vimos algo inquietos como aquella luz cada vez se acercaba con más determinación hacia nosotros. Francamente: nos asustamos. De pronto, alguien gritó fuera y más de pronto aún, apareció de golpe ante nosotros, un anciano de extraño aspecto y alumbrándonos con una enorme linterna.

- ¡Vaya noche! ¡No hay tregua para un viejo como yo! – Dijo al entrar rápido en la oficina.

- ¿De dónde viene hombre? – Le dije. -  ¿No ve el tiempo que hace? ¡No es tiempo para viajar!

-  Ja,ja,ja, – Rio el hombre. – De donde yo vengo, siempre hay un momento para viajar. Solo hay que ir bien preparado. ¿No ves el chubasquero que llevo? ¿Y qué me dices, joven, de ésta linterna? – Me preguntó.

Allí pasamos la noche los tres: contando historias, tomando café,  y por supuesto, sin llegar a saber de dónde venía ni a donde iba aquél extraño anciano. Os cuento una de las historias que más me gustó de él:

“Joven, yo llevo una linterna que me ilumina el camino. Absolutamente todos los humanos tenemos una. Sin embargo, no todas las linternas sirven para lo mismo. Hay linternas que deslumbran a los demás, incluso las hay que ciegan a los demás.

También hay linternas personales que dan poca luz, y solo se ve el “corto plazo”.

Hay linternas que dan una luz tan enfocada, que aunque se ve muy a lo lejos, no se ve lo que tienes al lado, ni lo que hay alrededor.

Hay linternas que su luz es tan intensa que hasta pueden quemar a los que se la encuentran y hay linternas cuya temperatura da calidez a quien la contempla.

Hay linternas que son tan grandes que sus propietarios no tienen ni fuerza para sostenerlas y pierden su vida llevándolas a cuestas… estas son las grandes linternas; en cambio hay linternas tan pequeñas, que parecen luciérnagas, y unas con otras alumbran un cielo lleno de estrellas.

Hay linternas que dan una luz difuminada, una luz enorme y amplia, que respeta la luz de los demás y no las solapa, sino que las potencia y complementa…

Cada ser humano tiene una luz… aunque no todas las luces son iguales”.

¿Cómo es la luz de tu linterna?

Un abrazo desde una gasolinera en medio de las hermosas tierras del Ebro.

Santi

Posteado por: Santi López-Villa | 25/04/2011

La ciudad espejo

Hola!

Espero que estos días os hayan sentado bien.

Esta tarde, he ido a visitar a uno de mis más queridos amigos. Creo que durante estos años, en alguna ocasión os he hablado de él: se llama Lluís.

Él es de aquellas personas que nunca dejan indiferente a nadie. Sabe acercarse a las personas de una forma amorosa, sencilla y humilde. Los que le conocen en su día a día, le llaman el “hombre blanco”, pues dicen que su interior es blanco como la luz y brillante como el sol. Lluís es una de mis más secretas recetas para vivir con la paz metida en el alma. Si algún día lo veis… no le dejéis escapar, su compañía calma, cura y despierta.

Justo ayer, como os decía, nos perdimos caminando por un camino precioso en las afueras de Vic. En nuestro paseo, me contó esta historia que sigue. Os la presto… de parte de Lluís.

“Había una vez un viajero, seguramente un buscador. Pues según Lluís, hay personas que se dedican a buscar, y otras que son “encontradores” (él los llama “trobadores”). Pero esto os lo cuento otro día.

Como os decía, un viajero buscador, después de muchos días de camino, llegó hasta las afueras de una inmensa ciudad. Al pie de la muralla, se abría una puerta enorme, por la que pasaban centenares de mercaderes y otros viajeros. Seguramente, todos ellos ansiaban encontrar allí sus anhelos, saciar sus hambres y conseguir sus expectativas. Nuestro protagonista, apresuró el paso, pues él también quería llegar a su destino; y justo antes de atravesar la puerta, se detuvo ante un niño que allí jugaba y le preguntó:

- Niño! ¿Qué clase de ciudad es esta? ¿Es un lugar agradable? ¿Hay oportunidades para un hombre como yo? – Le preguntó al chiquillo, que se apresuró a levantarse del suelo en el que jugaba.

- ¡Señor! Le veo muy cansado. – Le respondió. – Dígame una cosa antes de que le responda. ¿Cómo es el lugar de donde viene? Dígame: ¿Cómo es el la ciudad donde comenzó su camino hasta aquí?

El hombre, extrañado por la pregunta, le respondió:

- Vengo de un lugar donde el dolor es insufrible, donde la tristeza es lo habitual. Mi ciudad es gris, no hay lugar para los pobres, solo hay sitio para los que tienen “posibles”. Estaba harto y me fui buscando algo mejor.

- Pues no pierda el tiempo, señor. – Le dijo el niño. – Esta ciudad es muy parecida a la suya. Aquí reina la tristeza y no hay trato mejor para el que no tiene.

De esta manera, el viajero, decidió no entrar en aquella ciudad, dio media vuelta y la bordeó, en busca de un lugar mejor.

Una hora más tarde, llegó ante el niño otro viajero, también exhausto, y le dijo:

- Niño, vengo de lejos, estoy cansado. Dime: ¿Cómo es la ciudad que hay detrás de esa puerta? ¿Es un lugar acogedor?

A lo que el niño respondió:

- Dígame una cosa antes de que le responda. ¿Cómo es el lugar de donde viene? – A lo que el viajero le respondió:

- ¡Ah! Mi ciudad es un lugar maravilloso, donde he dejado buenos amigos. No siempre fue fácil la vida allí, pero nos pudimos perdonar. Tenemos un pasado difícil, pero el perdón pudo con mi pueblo, y hoy es un lugar acogedor, donde las gentes son maravillosas. Marché de allí para aprender cosas nuevas.

- ¡Ha tenido usted suerte, señor! – Le dijo el niño. – Justamente esta ciudad que hay detrás de la muralla es muy parecida a la suya. Aquí la gente es humilde, todos se cuidan de todos, pues es el principal valor. Aquí tendrá usted oportunidades y podrá ser querido y acompañado”.

Nadie puede encontrar algo mejor de lo que ya tiene, si en su mente lleva a cuestas su pasado.

Nadie puede esperar una vida mejor, si no se reconcilia con su anterior vida. Sus ojos, no serán capaces de percibir otra cosa, que el dolor que lleva dentro.

Dicen que no hay futuro sin perdón.

Gracias, Lluís. Seres humanos como tú, hacen que muchos continuemos creyendo más en las personas que en el poder y el dinero. Gracias por prestarme tantos momentos de vida.

Un abrazo!

Santi

Posteado por: Santi López-Villa | 18/04/2011

Somos lo que creemos ser

¡Hola!

Hace unos días estuve en una fiesta brasileña, en un local más que interesante, en Barcelona. Es lo que tiene tener amigos de cualquier parte del mundo; es lo que tiene vivir en Barcelona: un lugar donde, como decía una buena amiga que tuve en Cracovia: “en Barcelona, siempre pasan cosas”.

Pues como os decía, después de salir corriendo del metro, conseguí llegar hasta la misma entrada de un local llamado ‘Ambar’. Allí un enorme ‘black – man’, cuyo diámetro de sus brazos eran mayores que el de mis piernas, imponía con su presencia la entrada a la fiesta.

Con la mala suerte que tengo en las puertas de bares y discos, ya me vi mendigando a la oscura torre humana que me dejase entrar… sin embargo cuál fue mi sorpresa, cuando una sonrisa plena de luz, se entreabrió entre sus labios y me dijo:

-         ¡Bienvenido a la fiesta, meu amigo! – Avanzando sus brazos hacia mi hombro y acompañando mi paso, a la vez que abría la enorme puerta del bar.

-         ¡Gracias! – Respondí yo contento de haber sido tan bien acogido. Sin duda aquél hombre era un experto en acoger personas, en tratarlas bien y dar la dignidad que cualquier ser humano se merece. Sin duda aquella era una gran y especial persona, en medio de la noche… no sé del todo porqué, pero me dio esa impresión.

Dentro, ya os podéis imaginar, un paisaje enorme se perdía entre la semioscuridad semialumbrada por farolillos y focos típicos de un local a la brasileña. Estaba abarrotado de hombres y mujeres repletos de la típica alegría brasileña; llenos de “saudades”, de caipiriñas y dulzura en cada gesto. Es lo que tiene Brasil, que hasta para decirte que “no”, todo te suena a dulce.

Y lo mejor: un mundo de gente bailando samba, al que daban ganas de coger carrerilla y lanzarse dentro de él y perderse toda la noche, sin dejar de bailar.

Sobre las dos de la noche, el simpático ‘Black-man’ entró y se aposentó menos alegre que cuando entré, en un extremo de la barra. Me acerqué y le dije:

-         Meu Amigo! Como voce está?

Me explicó que hacía ya meses que había venido a Catalunya y que no podía trabajar en lo que había estudiado, y que para ganarse la vida tenía que trabajar por la noche… y que tenía “saudades” de su tierra.

-         Talvez eu nunca vou ser um médico. Talvez eu não tenha nascido para isso… [tal vez nunca podré ser médico... Tal vez yo no he nacido para eso...]- Me dijo entristecido y derrotado…

A lo que se me ocurrió explicarle la siguiente historia:

“Había una vez, en un lejano lugar, un cazador se encontró un huevo enorme de águila, en medio del bosque. Sin dudarlo, miró hacia todas partes para cerciorarse de que no había nadie que lo pudiese reclamar y se lo llevó hasta su casa. Después de examinarlo, pensó que lo mejor sería hacerlo incubar por algún animal que pusiese huevos. Así que lo llevó hasta su corral, y las gallinas, expertas en incubar huevos, lo trataron como suyo, pues así lo creyeron.

Un buen día, todos los huevos se abrieron y salieron de ellos un montón de polluelos de gallina. Nuestro huevo de águila fue el último en eclosionar. Al salir miró alrededor y automáticamente se sintió gallina, pues eso es lo que había justo a su alrededor. Y así creció con sus hermanas gallinas y sus padres gallinas. Aprendió a cacarear como una gallina, comía pienso como una gallina y se iba a dormir a la hora de las gallinas. Hasta llegó a aprender a revolotear torpemente y recorrer a medio palmo del suelo un par de metros de su corral… como haría cualquier gallina.

Y los años pasaron y nuestra águila envejeció y dicen que ganó en sabiduría gallinácea. [A todo esto 'black-man', iba destilando sus primeras sonrisas de nuestra conversación, y ya me invitaba al siguiente zumo]

Un buen día, un pequeño polluelo, que estaba comiendo junto al águila que ocupaba la mitad del corral con sus alas, vio pasar a una ave inmensa que surcaba elegante y majestuosa el cielo.

- No te hagas ilusiones, pequeño polluelo. – Le dijo nuestra águila que no sabía que lo era. – Ese es el animal más grande e inmenso de todas las aves. Ella es la reina de todo aquél ser que vuela, y desde la altura que solo ella puede alcanzar, puede ver lo que ninguna de nosotras podrá ver nunca. No te hagas ilusiones: Tú nunca podrás ser como ella. Ella es una águila imperial… y nosotras solo somos gallinas”.

Un abrazo desde una noche de primavera en el corazón brasileño de Barcelona!

Santi

Posteado por: Santi López-Villa | 11/04/2011

Un monje budista al rescate

¡Hola! ¡Espero que estéis bien!

Hace unos días, atendí en consulta al director de una fábrica. Me dijo que en su empresa, nadie hacía lo que él decía y que todo salía mal porque su equipo era poco competente. Juan, que así se llamaba, también estaba muy preocupado por la crisis tan dura que tenemos encima.

- Es verdad, Juan. – Le dije yo. Es realmente dura… pero ¿Seguro la crisis que está encima nuestro? A mí me parece más bien que está dentro de nosotros, ¿no te parece?

- ¡En absoluto! – Respondió él. – No te equivoques: ¡La crisis nos viene de fuera!

- Puede ser… – Dije yo pensativo, mirando el suelo.

La conversación nos llevó a pasear por el barrio antiguo de la ciudad, hasta llegar a la antigua “Sinagoga” de Barcelona, en la calle St. Doménech del Call. En realidad, es un lugar muy pequeño, con centenares de años de historia. Justo allí al lado, un mendigo pedía limosna…

- Fíjate Santi, ¡Cómo nos tenemos que ver! – Refiriéndose al anciano mendicante. – Todo esto es fruto de una mala gestión de los políticos que tenemos. ¡Qué vergüenza tener que ver pobres por la calle!

- Puede ser… – Respondí de nuevo, cada vez más pensativo.

Hacía un día precioso de primavera, así que nos encaminamos por el Paseo de Gràcia hacia arriba y nuestros pasos nos dejaron cerca del antiguo Hospital de Sant Pau. Allí, una ambulancia abría rápidamente sus puertas mientras salía de su interior una camilla con una niña preciosa sonriendo, con un pijama de color rosa. La entraron a toda prisa en urgencias, mientras su madre recogía llorando sus enseres del furgón y la hacían esperar en el mostrador de llegada totalmente desconsolada.

- ¿Qué le pasa? – Le pregunté yo. – ¿La podemos ayudar en algo? ¿Quiere que le hagamos compañía? – Mientras entramos con ella a la sala de espera.

- Es mi hija, señor. Está muy enferma y no tenemos dinero para pagar una operación que espera desde hace meses. Además, ahora, parece ser que aún se va a alargar más la espera. Cada dos por tres estamos en urgencias… Es un sin vivir…

Juan, incómodo por la situación me dijo:

- Ves Santi, ¡Qué injusta que es la vida! Parece que Dios ya no se apiada de nada ni de nadie. ¿Cómo puede Dios permitir que una criatura como esta esté enferma y tenga que pasar por esto?

- Ya… – Respondí yo desconcertado….

- Si Dios quisiera, ¡Esto no sucedería de ninguna manera! – Dijo cada vez más alterado. – ¡Seguro que Dios ni siquiera existe, porque un Dios que va de bueno, no puede permitir esta desgracia que está sucediendo!

- Sí… puede ser… – Volví a añadir yo cabizbajo.

Mientras salíamos de allí, un monje budista que también esperaba en la sala de espera, se acercó a nosotros, y con voz muy baja, nos dijo:

- Señor, Dios, sí ha hecho algo muy importante para que todo esto que está ocurriendo no suceda. Dios hizo algo muy grande e importante para que nunca nadie tuviese que pasar hambre; para que nadie nunca tuviese que pedir limosna y para que nadie nunca tuviese que sufrir las consecuencias de una enfermedad a cambio de dedicar recursos a otras cosas menos básicas. Dios hizo algo realmente especial para que cada uno se sienta perfecta y amorosamente acompañado y no pierda nunca la dignidad que se merece.

- Ja, ja, ja! – Dijo Juan – ¿Y qué ha hecho si se puede saber? ¿Donde está eso tan especial, grande e importante que dice, anciano?, porque a la vista están los resultados.

A lo que el monje budista, esperando a que Juan acabase su risa le respondió:

- Dios le hizo a usted.

Que tengáis una muy buena semana.

Santi

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