El mundo no es propiedad de nadie, entre todos formamos el mundo. (Conversaciones en Pl. Catalunya)
¡Hola!
Dios se está poniendo muy pesado estos días. Casi no duerme. Las veladas por la noche se hacen interminables. Nos cuenta un montón de historias relacionadas con lo que nos pasa. Hoy os escribo esta, a ver si os gusta:
Había una vez una mujer llamada Selegna, que buscaba ‘el secreto de la vida’. Llevaba años viajando por todo el mundo buscando tal valiosa información. Sin embargo, no encontró ni la más remota pista que la llevase hasta tal secreto.
Y quiso la suerte, que una anciana que se encontró en un mercado, le indicase la existencia de un pozo misterioso muy cerca de aquel lugar. Decía que aquel pozo tenía la sabiduría que le podría responder a su pregunta. Sin embargo, nuestra protagonista pensó: ¿Desde cuándo un pozo habla? ¿Desde cuándo un pozo sabe?
Sin embargo, su curiosidad pudo más que su falta de fe y se dirigió hacia el dicho pozo. Una vez allí, se abocó sobre él y hacia el fondo gritó su pregunta:
– Dime pozo, ¿cuál es el secreto de la vida?
Y el pozo, sin dilación, le respondió:
– El secreto de la vida está justamente en la calle Mayor. Allí encontrarás tres tiendas. Ve y entenderás.
Selegna, entre sorprendida y desconcertada, se fue corriendo hasta la calle Mayor y efectivamente allí encontró las tres tiendas: una era de madera, otra de hilos trenzados y otra en la que vendían piezas metálicas.
Entró en cada una de ellas para ver si encontraba su respuesta… pero finalmente, viendo que allí no había nada de lo que ella buscaba, salió enfadada de aquel lugar y volvió al pozo a recriminarle. El pozo solo tuvo tres palabras para ella: ‘algún día comprenderás’.
Y pasaron los años y Selegna se hizo mayor. Ya hacía mucho que había dejado su búsqueda. Ahora estaba en su ciudad, en su casa, más concretamente estaba en su cama, donde ya esperaba a la muerte.
Un buen día por la mañana, con las últimas fuerzas que le quedaban abrió sus cansados ojos y al despertar oyó una melodía que se colaba por sus ancianos oídos. Era tan maravillosa aquella música que su corazón se despertó de golpe. Como si de pronto resucitase todo aquello que había estado dormido durante toda su vida. Maltrecha se incorporó e intentó averiguar de dónde procedía tal ensueño que por primera vez la hacía vibrar. Y pensó: ¿Pero de dónde viene esa melodía tan celestial que me da tanta paz a mi corazón?
No dudó en salir de su moribunda cama e inmediatamente hizo que la llevasen en camilla por las calles hasta encontrar el origen de tal canción. Y cuál fue su sorpresa cuando vio que era un violín tocado por un vagabundo el que hacía sonar aquellos matices en su interior. Sus ojos quedaron prendados en aquel fino y brillante instrumento. Quedó como hipnotizada por aquel mágico fruto de lutier.
Y fue justo en aquel momento que algo le vino a la mente y recordó… Aquel precioso violín estaba hecho precisamente de madera, de hilos trenzados y de piezas metálicas… Y cerrando los ojos sonrió y pensó:
– Me he pasado todo mi tiempo viendo la vida en sus pedazos separados y no he visto hasta hoy que el secreto de la vida yace justamente en verla en su totalidad: cuando las partes se unen se crea lo supremo, cuando se prescinde de alguien, se cae en la banalidad.
Y Dios, con un zumo de pera en la mano y apoyado en la barra del Zurich, seguía contándonos por qué es tan importante avanzar sin dejar a nadie por el camino: todos somos importantes, nos decía. No sobra nadie y a todos debéis tratar como hermanos.
No podéis dejar a nadie en la necesidad, ni debéis permitir el sufrimiento a nadie, pues ese dolor os lo hacéis a vosotros mismos. No se puede construir un país pisando la dignidad de vuestros mayores, de los niños y jóvenes y menos aún anulando la dignidad de las familias sin recursos.
Nadie puede dejar de tener un hospital, ni un sueldo, ni comida, ni techo. Cada vez que le hacéis eso a alguien, os lo hacéis a vosotros mismos y os maltratáis a vosotros mismos.
Nadie sería nada, sino fuese por todos, por lo que debemos contar con todos.
No hay ningún avance para nadie mientras consintáis o, peor aún, apostéis por un futuro basado en el sufrimiento de los demás.
¡Un abrazo fuerte y buena semana!
Santi
Nota: Como el lunes era festivo me fui a cambiar el mundo y no pude publicar. Disculpas y gracias a todos/as los/las que seguís con tanto cariño este diálogo. ¿Continuamos?