Una luz en el metro

Imatge

¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

¡Espero que estés bien!

La semana pasada, camino al trabajo, bajé al metro. Como siempre, una muchedumbre de gente inundaba los angostos pasadizos del subsuelo de Barcelona.

De pronto, todos comenzaron a acelerar el paso, algunos incluso comenzaron a correr sorteando a las demás personas. Parecía una carrera… Yo no iba muy bien de tiempo, como de costumbre, pero pensé en no hacer lo que los demás hacían y decidí ir más lentamente de lo que ya iba. Evidentemente, cuando llegué al andén, el metro ya se había ido. No había nadie en aquel túnel, nadie. Es curioso como en pocos segundos el mundo cambia tan radicalmente, ¿verdad?

Llevaba ya unos instantes sentado en el banco de hierro, cuando noté que alguien se sentaba justo a mi lado. Yo, inmerso en la lectura de un interesante artículo, miré de reojo a quien, ante la posibilidad de sentarse en todos los sitios que habían disponibles (todos), decidió hacerlo justo a mi lado.

Era una ancianita y su nieta. Hablaban de cosas, de cosas sin importancia…, sin embargo, la niña preguntó:

– ¿Cuándo sabremos que está viniendo el tren?

A lo que su abuela, pacientemente, respondió:

– Cuando veas un punto de luz en el fondo del túnel, entonces, ya faltará poco…

La niña no dejaba de mirar fijamente al interior del túnel, mientras su abuelita le contaba la siguiente historia:

– Las personas son como los trenes: todos tienen una luz que les alumbra el camino, aunque no todos son iguales: Hay trenes que tienen una luz tenue, éstos son los que nunca te esperas; y cuando llegan, se van sin más. Otros tienen una luz de muchos colores; son trenes que alegran la vida allí por donde pasan. Otros tienen una luz apagada, van a ciegas y es muy complicado saber si vienen o van; o si se ausentan o están.

Sin embargo, hay trenes que tienen una luz tan inmensa que se ve de lejos: estos trenes son esperados, pues anuncian buenas noticias. Es más, estos trenes tienen tanta luz que cuando llegan te invitan a subir y en su interior pueden despertar la luz de quienes habitan dentro de él. Y allí, en su interior, se tejen historias maravillosas, permiten a sus pasajeros llegar hasta sus destinos. Los trenes de luz intensa nos llevan generosos a través de los túneles de la oscuridad, regalándonos una clara oportunidad y donde todos podemos despertar nuestra propia luz.

– ¿Y el nuestro cómo será, abuelita?

– Tú eres mi tren, cariño. – Respondió ella.

Valió la pena ir más despacio aquella mañana.

¡Un abrazo fuerte y buena semana!

Santi

3 comentarios en “Una luz en el metro”

  1. Me ha encantado…..muchas gracias….me he sumergido en la historia totalmente…..

  2. Rosy Cantu says: -#1

    Hola soy pintora novata , busco fotos que pudieran tener un significado para mi y pintarlas .
    Leer la historia fue muy bonito.
    Gracias

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