Me tocó pagar el menú, porque Dios no llevaba dinero

¡Hola!

Y llegó el viernes y con el viernes el inicio del fin de semana. Dios vino a mi casa muy temprano y llamó al timbre. Me sorprendió, pues últimamente no se aleja de las plazas.

– ¿Qué haces por aquí, Dios? ¿Cómo es que no estás acampado esta mañana? – Le pregunté.

– Es que he pensado que valía la pena salir a ver mundo un rato. Volveré luego por la noche. – Me respondió él.

La verdad es que Dios, estaba un poco deprimido por todo lo que estaba pasando, y me dijo que se quería venir conmigo a trabajar. Me dijo que si no me importaba que me acompañase en el coche, y que mientras yo trabajaba, él se dedicaría a pasearse y a hablar con la gente; así se podría distraer un rato.

A mí me pareció bien. De hecho, desde que lo conocí, me pareció que era un ser simpático y curioso: seguro que sería una buena compañía.

Una vez llegamos a Igualada, lo dejé en un bar y quedamos luego para comer. Y llegó el mediodía, y a las dos y media en punto, nos reencontramos. Comimos un menú de diez euros. Pagué yo, claro está: Dios no tiene dinero.

Se le veía extraño. No me explicaba con claridad lo que había hecho durante tantas horas solo. Pensé que no debía insistirle más y lo dejé en paz.

Después de comer, subimos de nuevo al coche y nos encaminamos hacia Lleida, mi próximo destino laboral. Sin embargo, al poco de ir conduciendo me entró un sueño que me podía. Así que paré el coche e hice una buena siesta.

– Dios, duerme tú también. Ya verás, la siesta es de los placeres más exquisitos que tenemos los humanos. ¡Seguro que te encanta! – Le dije yo.

Y os explico, si os parece bien el sueño que soñé, espero que os guste:

Andaba yo por la calle, cuando vi unas setenta personas más o menos, agolpadas entorno a un portal. Algunos lloraban, otros gritaban de rabia, otros simplemente callaban aterrorizados.

– ¿Qué pasa? – Pregunté yo. – ¿Qué sucede? ¿Por qué hay aquí tanta gente?

– Acaban de expropiar a Antonio y a su familia. – Me dijeron aquellos vecinos. – Debían unos meses de hipoteca y el banco ha pedido al juez su derecho a reclamar el piso donde vivían él, su mujer y sus dos hijas pequeñas. Los han sacado de su casa a la fuerza. Suerte que las niñas están en el colegio y no han visto como echaban a sus padres de su hogar, así como sus pertenencias eran también echadas a la calle.

De pronto se me heló el corazón. Rápidamente me abrí paso entre la gente hasta poder ver lo que sucedía, y cuál fue mi sorpresa, cuando vi, que en realidad no era cierto lo que me habían dicho. Allí no había ningún Antonio, ni su mujer. Era la casa de una señora mayor a la cual estaban echando de su hogar. La pobre lloraba desconsolada, pues ¿Dónde iba a ir a su edad? ¿Qué serían de sus recuerdos y sus enseres de toda una vida? Llevaba un batín floreado, y un disgusto que la consumía entre llantos desconsolados.

– ¡Oye! Perdona! – Pregunté a un vecino. – ¿No desahuciaban a Antonio y a su mujer?

– Eso fue esta mañana, amigo. – Me respondió el vecino- Ahora, a quien están expropiando es a la madre de Antonio, pues ella había avalado la hipoteca a su hijo, y el banco también la desahucia a ella.

De pronto, me desperté en el parque donde estaba sentado al lado de Dios. Qué pesadilla más terrorífica, pensé. Y le dije:

– Dios, no te imaginas lo que he soñado. Suerte que era solo un sueño, porque qué infernal que ha sido. – Le dije.

– En verdad, Santi, fui yo quien te hizo soñar con Antonio y su familia. Fue justamente lo que vi esta mañana mientras tú trabajabas.

Cada vez que permitimos la injusticia a nuestro alrededor, el miedo nos apresa el corazón, nos deshumaniza y nos convierte en seres que poco tienen que ver con los humanos.

¿Somos seres únicamente legales o también morales?

¿Seres sólo normativos o también éticos?

¿Humanos o sólo animales?

Quizá ha llegado el tiempo de hacernos adultos y responsables  y no permitir que nada ni nadie, pueda perder lo básico.

Santi

Nota: la historia de Antonio, su mujer y sus hijas, así como la de su madre, no es ningún cuento, se produjo la semana pasada en un barrio de Sabadell.

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